Por Fernando CeaEl cambio es irreconocible, a tal punto que uno llega a dudar si el vate de Concepción de Chile, Alejandro Ananías, es realmente el autor de dos libros tan diferentes como Mitología Subterránea (Ediciones Mantra, 2008) y Viaje Psíquico (Ediciones La Silla, 2009).
Éste último es la novedad y el motivo de la conversación. Pero uno no deja de tener en mente aquella referencia irregular y poco contundente que es Mitología subterránea, cuyo principal acierto –hay que reconocer- es su forma, una especie de prosa en verso que incluye monólogos y cartas a Ricardo Lagos, Maradona o John Lennon. Todo sacado del safari creativo más surrealista.
Se trata, en suma, de un texto que desnuda toda la precariedad social con una mirada desalentadora a la que, a esta altura, ya estamos acostumbrados. Una poesía civil a secas que poco esconde, rasguñando con esfuerzo un promedio azul.
El mismo autor reconoce que la publicación de este libro fue el último round de una pelea intensa, contra si mismo primero y luego contra el supuesto avance de la humanidad. En ese pataleo es difícil saber si Ananías ganó o perdió. Lo único seguro es que dio la batalla.
Pero aquí viene la gracia: la diferencia con Viaje psíquico es arrolladora, su propuesta es ahora más reposada y no por eso menos aguda; hay versatilidad, mayor dominio de las imágenes, y sin meterle mano a poses falsas o lugares archirepetidos. En su cuarta obra están intactos los temas a los que Ananías nos tiene acostumbrados, partiendo por su visión crítica de la sociedad. No podía de ser de otra forma. Están también las contradicciones del ser humano y las interrogantes que el autor plantea a su alrededor. Lo mejor está precisamente cuando Ananías deja esas preguntas abiertas, a merced del lector, y no cuando busca darle respuesta.
El tono confesional ya de entrada está más depurado, convincente y más hipnótico, así hasta atravesar pasajes notables. “No siento nada especial/ salvo el abrazo/ rodeándome/ en una forma/ ancestralmente repetida”, escribe este ingeniero civil químico de la UdeC, tarotista y poeta autodidacta.
En su cuarta obra están intactos los temas a los que Ananías nos tiene acostumbrados, partiendo por su visión crítica de la sociedad.
A ratos la extensión del libro (320 páginas, 72 poemas y cada uno de tres carillas) conspira en el efecto final que produce, reemplazando placer por agotamiento. Sin embargo, al final, y salvando todos los errores en el camino, Viaje psíquico deja ese gusto tan esquivo a veces de dar por cerrado un buen libro. Aquí y en la quebrada del ají, eso es gran cosa.
¿Cómo se gana o, mejor dicho, cómo le gana a la vida Alejandro Ananías?Desafortunadamente debo decir que no logro ganarle. La violencia de la vigilia me sobrepasa y destruye cada día, y la soledad de la noche me abruma y deja en una completa intemperie emocional.
¿Cuál es tu rutina para escribir?
Uno trata de hacer rutinas, no solo para escribir, sino que en todo orden de cosas; horarios, calles, personas y rituales. En particular, para escribir, lo primero es encontrar el tema; luego, a medida que el ánimo lo permita, va tomando cuerpo algo que podría llegar a ser un libro.
¿A qué se deben las diferencias entre Mitología y Viaje psíquico?
Mitología Subterránea obedece al clímax de un estado de ánimo. Nace como un engendro intolerante frente al dilema de adaptarse o no; Viaje Psíquico en tanto es la calma después de la tormenta y su principal objetivo es ordenar los pedazos diseminados en la explosión del libro anterior. Vale la pena acotar que, aunque muy diferentes en la forma, el discurso inconformista se mantiene en ambas publicaciones.
¿Cuanta influencia hay en este libro de Claudio Bertoni?
Creo que su influencia ha ido cediendo frente a otros autores, quienes, con el mismo desenfado que el viñamarino, tomaron muy en serio la necesidad de poner en la mesa social la necesidad de ser. Como referentes, puedo citar a Enrique Lihn y a Gonzalo Rojas.
A tu juicio, ¿en qué momento se encuentra la literatura (y la actividad) penquista?
Concepción es por excelencia una ciudad multicultural, pero al mismo tiempo tiene una conducta de ghetto. Es difícil generar cultura colectiva que implique cambios en las personas, por lo que la mayoría de los esfuerzos artísticos se desvanecen con el tiempo, salvo honrosas excepciones. Destacaría en particular la gran labor cultural que desarrolla Ingrid Odgers, Tulio Mendoza y Rocío L´Amar, quienes constantemente gestionan nuevos impulsos en el ámbito artístico, particularmente en la literatura.
¿Qué sigue ahora?
Quizás retome de alguna manera el tinte sociopolítico de Mitología Subterránea ya que pareciera haber ahí aun material suficiente para continuar mostrando las contradicciones de un modelo que se cae a pedazos. En la actualidad estoy corrigiendo un trabajo bastante extenso que habla del desamor, la soledad y los espejos del alma. No estoy seguro si llegará a publicarse.
* Vitrinasur.cl
16 Septiembre 2009






